Nunca me he considerado otra cosa que no fuera “escritor de fantasía”, no por desprecio a los otros géneros ni por querer encasillarme en un solo estilo, si no porque eso ha sido lo que he perseguido siempre, desde el principio, y sobre lo que he basado todos los años que llevo escribiendo y los que me quedan, que espero que sean muchos.
Durante un tiempo, incluso, llegué a renegar del resto, pensando que, si dedicaba el tiempo a otras ramas de la literatura, iba a restarle importancia al trabajo que llevaba realizando ya durante años. Después me di cuenta de que no tenía por qué privarme de probar algo diferente, salir de la zona de confort, como suele decirse.
También debía darme a conocer a los lectores. Y ese, en realidad, es el punto de partida para la Saga del Ocaso.
En 2021 escribo, a lo largo de unos cinco meses, una novela que podría etiquetarse como un thriller psicológico, más llevado a la mente del protagonista que a escenas de “pseudomiedo” como suele ser el ejemplo común del subgénero. Ahí salí por primera vez de la fantasía tradicional que ya conocía de sobra y en la que había basado toda mi experiencia como escritor.
Curiosamente, mi primera novela no tenía nada que ver con mi género o estilo. Pero, por una cosa u otra, ni se interesaron las editoriales a las que la envié, ni gané ningún concurso, ni tampoco la publiqué por mi cuenta. No está cogiendo polvo, solo esperando el momento adecuado para ver la luz.
Tardé dos años en terminar la siguiente, algo más, de hecho, teniendo en cuenta que la primera fue en junio de 2021 y esta segunda en julio de 2023. Ya, por fin, de fantasía. Una obra que me ha hecho vivir todo lo que siempre imaginé, desde muy pequeño, que sería escribir un libro de ese estilo.
¿Publicado? Tampoco. ¿Por qué? Podría decir que tengo grandes planes para esta historia y otras muchas que irán después, ambientadas en un mundo en el que he trabajado, y aún lo hago, durante más de una década, pero esa es otra conversación (también, probablemente, otro artículo).
La realidad es que, a día de hoy, entrar como autor novel en el radar de las editoriales, sin ser alguien en redes sociales u otro mercado, por alejado que esté del sector editorial, es algo complicado. No importa si la obra tiene una altísima calidad o se asemeja más a eso que uno recoge del suelo cuando pasea su perro… Pero, y que conste, no es algo de lo que me queje. Al fin y al cabo, una editorial es una empresa que vende un producto, y necesita las ventas para pagar salarios y poder seguir funcionando. No estoy descubriendo nada nuevo, es sentido común, y comprendo que apostar por alguien que no parece nadie, como es mi caso, es lo más seguro. ¿Por eso subo contenido a redes aún diciendo una y otra vez lo poco que me gustan? Sí, claro. Tener un buen número de potenciales compradores siempre es un factor determinante. La calidad de la obra… eso el tiempo lo dirá. Sobre esto, probablemente, escriba algún que otro artículo, si no demasiados, porque lo considero un tema de lo más interesante.
Y es en este contexto, coyuntura o problema, elige tú cómo quieres llamarlo, cuando, en mitad de la redacción de esa primera novela de fantasía (segunda en mi carrera como escritor), surgen nuevas ideas. MUCHAS nuevas ideas.
Imagina que pasan dos semanas en las que nadie te manda un mensaje, mail, carta… Estás apagado/a y algo triste… Y después, justo cuando te llega la primera notificación, parece que el universo se pone de acuerdo en que es el momento en que todo el mundo va a hablarte, llamarte… Aplica eso a cualquier ámbito de tu vida y seguro que encuentras alguna etapa similar. Pues bien, ese es el día a día de mi rutina como escritor cuando estoy en fase de redacción (para mí, la más dura).
Puedo estar muy concentrado y en medio de un párrafo vital para la historia, que la imaginación vuela y tengo que parar a anotar todas las nuevas ideas, que normalmente no tienen nada que ver ni con lo que escribo en ese momento ni entre ellas.
Así nació “El ocaso de los vivos”, y otras tantas que, igual, algún día, también termino escribiendo. En su momento, aprovechando los descansos y tramos de bloqueo, hice algunos bocetos de la historia que quería contar, de los modelos a seguir y, sobretodo, lo que quería evitar. Pero se quedó en eso. Un período de gestación de un mes y medio, entre junio y julio del 2022.
Saltamos entonces al verano de 2023, cuando, a finales de julio, termino la primera corrección de la mentada novela de fantasía. Y llega el “¿Y ahora qué?. Es una pregunta difícil de hacerse a uno mismo cuando se ha estado tan metido en algo durante tanto tiempo… pero no me quedaba más remedio. Prolongué la pausa durante algunas semanas, aprovechando para registrar la obra, darle unos últimos retoques, anotar ideas para la siguiente… Pero la pregunta seguía flotando en el aire. “¿Y ahora qué?”
Me di cuenta del gran fallo que había cometido: haberlo hecho en silencio. No en un perfil bajo, si no completamente ausente. Como ya he dicho, las redes, el que se sepan quién eres, el que haya compradores potenciales, es algo muy determinante. Yo no tenía. ¿Cómo voy a lograr que una editorial apueste por mí, si lo que les presento es un proyecto ambicioso y a muy largo plazo, cuando no soy nadie? Bien… al menos llegué rápido a la conclusión: ganar mi público. ¿Cómo? Quería llegar a la gente, empezar a tener lectores, saber opiniones y compartir mi experiencia como escritor, con el objetivo final de poder publicar, o empezar a hacerlo, lo que llevo queriendo hacer desde hace mucho… Entonces, descubrí, o, más bien, recordé, la autopublicación.
Ha sido un camino difícil y tortuoso, en el que he tenido que realizar las funciones de diseñador, corrector, promotor, agente y especialista en marketing, cuando nunca me lo había llegado a plantear así. ¿Por qué? Porque, además de desconocido, mi presupuesto, por no decir cero, era extremadamente limitado. Contratar a alguien para cualquiera de esas labores suponía quedarme en la cuerda floja, a expensas de que lo demás funcionase. Ahora, meses más tarde, empiezo a ver la luz y los frutos de algo que ha costado mucho más de lo que imaginaba.
Así, volviendo a eso de salir de la zona de confort, que se ha convertido en un divertido pasatiempo y ejercicio de mejora dentro de mis actividades como autor, me metí de lleno en un thriller apocalíptico del que sabía poco al empezarlo y de cuya historia me terminé prendando conforme la fui desarrollando.
“El ocaso de los vivos”, al final, se ha convertido, después de ser poco más que una idea anotada junto a muchas otras, en mi primera avanzadilla en la batalla campal que es el mundo de la literatura. Mi entrada, no especialmente triunfal, en el ruedo, si se quiere decir así.
No es mi género. No es mi estilo. Ni siquiera es mi forma habitual de escribir, acostumbrado a un registro más “adulto”, o menos “juvenil”, que quizá sea más sencillo de comprender así. Pero me ha divertido y traído ya, con pocos meses de vida, algunos momento inolvidables. Tanto es así, que el tanteo sobre las posibles secuelas pasó rápidamente a convertirse en proyectos a corto-medio plazo dentro de mi particular calendario.
Hay mucho de lo que hablar sobre este libro, y lo haré, sin duda, subiendo artículos a este blog que respondan, de algún modo, a las preguntas que ya algún que otro lector me ha hecho al respecto, a dudas que incluso yo mismo me he generado y, sobretodo, a las cuestiones relativas a los por qués de cada elemento de la novela.
Gracias por haberme dedicado tu tiempo leyendo estas reflexiones en voz alta, o en tinta digital, y espero que hayas disfrutado de la lectura de “El ocaso de los vivos”. Si no lo has leído aún, pincha aquí para saber qué opciones de lectura tienes.
Siempre a tu disposición en redes o vía mail,
nos leemos pronto,
Juanma.